Y AHORA IRLANDA
No ganamos para sustos y para vergüenzas. Ahora resulta que en la católica Irlanda también se han dado, durante décadas al menos, numerosos casos de abusos de menores por parte del clero secular y regular (curas y religiosos). Y casi estamos temiendo que dentro de no muy poco salgan a la luz escándalos parecidos en nuestra católica España (aunque algunos ya han sido denunciados). En el caso irlandés, como anteriormente en los de otros países, no se ha tratado de casos sueltos sino de miles y miles. Todo ello, además, ocultado por una jerarquía que prefería echar tierra sobre el asunto antes de que saliera a la luz y redundara en escándalo y desprestigio eclesial.
Los
comentaristas se interrogan sobre las causas de estas conductas deleznables y
condenables. Suelen llegar a la conclusión de que una de las fundamentales es
la vigencia de la ley del celibato, teniendo en cuenta que éste es un carisma
del que no todos los “consagrados” disfrutan y que, según nos cuentan en los
medios de comunicación, ha favorecido la doble vida de tantos clérigos
oficialmente célibes. En los últimos días se ha conocido igualmente que el
Vaticano ha suspendido a dos obispos africanos (uno de ellos nada menos que
presidente de
El caso es que llevamos una temporada de aúpa, pues a lo anterior hay que añadir las controversias originadas por las declaraciones de las altas jerarquías a propósito del preservativo, de la píldora del día después, del aborto, etc. Da la impresión de que la cuestión del sexo nos está llevando de cabeza y que el personal, en general, no comparte las opiniones de sus obispos. Problema y serio, que ya arrastramos al menos desde la famosa encíclica Humanae vitae del Papa Pablo VI en la que se rechazaban los métodos anticonceptivos y que recibió durísimas críticas, añadiéndose además la circunstancia de que el Papa, tras crear una comisión que analizara el caso, se inclinó por la opinión de la minoría de dicha comisión y no por la de la mayoría.
Un
problema es que da la impresión de que los obispos no se atreven a llevar estas
sensibilidades a Roma para que, al menos, sean tenidas en cuenta y se constate
que no toda
Si
a esto añadimos el secretismo, el no afrontar los problemas con claridad, en
debate sincero y abierto, sin cortapisas, no hemos de extrañarnos que los
problemas vayan engordando más y más, que el malestar fruto de la impotencia se
extienda entre tantos buenos católicos, curas o no. Luego las encuestas de
opinión colocan a
Pepe Nerín
31.5.2009