Y CRISTO VOLVIÓ A LLORAR
EN LOS JARDINES
VATICANOS
BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
TRES
CANTOS (MADRID).
Eclesalia,
20/06/08.- Va a
cumplirse un año que Leonardo Boff nos sorprendía con
la impresionante parábola de el jardinero vaticano “Y Cristo lloró en los
jardines del Vaticano” (leonardoboff.com). Hace una semana, en
los mismos jardines, tuvo lugar otro encuentro inédito, “sin precedentes”, pero
real, entre el presidente George Bush
y su anfitrión el papa Benedicto XVI. Aquella lúcida visión, profética, de la
parábola del jardinero de Boff se cumplía.
Un encuentro “inédito”, “un protocolo
particular para expresar su gratitud por
el recibimiento que tuvo en su reciente visita a la nación norteamericana”,
destacaban los medios. El mandamás de la política mundial y el mandamás de
Curiosamente, nadie contaba que allí, en el estudio de
Era la séptima vez que el emperador del momento se
reunía con el Pontífice. Tres encuentros con Juan Pablo II (2001, 2002 y 2004)
y éste ya era el cuarto -un récord, en tres años de pontificado- con Benedicto
XVI (9 de junio de 2007, 15 y 16 de abril de 2008 el 13 de junio de 2008). Mientras
duró el reencuentro, en medio de imponentes medidas de seguridad, la basílica
de san Pedro se cerró a los turistas, y su imponente cúpula fue tomada por
francotiradores.
El presidente Bush
se dirigió al Romano Pontífice con los brazos abiertos y diciendo "gracias,
qué honor, qué honor". Un recibimiento inédito con el que el papa Benedicto XVI ha
querido agradecer a George W. Bush
su férrea defensa de los “valores morales y fundamentales”. Muchos
prelados del Vaticano lamentaron (aunque bajo un “férreo” anonimato) que el
papa diera tan excepcional y familiar recibimiento –“rompiendo el protocolo
tradicional para corresponder a la fastuosa ceremonia de bienvenida que recibió
el pasado 16 de abril pasado en
En los jardines del Vaticano se escenificó una nueva edición de la
antiquísima alianza entre el poder y el altar, que hace de Roma la nueva
Babilonia, la prostituta de la historia. “Y nadie se acordó nunca más de las
palabras que el Señor había dicho”: así termina la parábola del
jardinero vaticano de L. Boff. El Papa también se
olvidó, o pasó por alto, que las decisiones de Bush,
declarando y manteniendo una guerra injusta, como hoy todo el mundo reconoce,
han causado más de medio millón de víctimas, muchísimas de ellas
inocentes. Joseph E. Stiglitz, premio Nóbel de
Economía, declaró en su día que
Cuando el cardenal Ratzinger
fue elegido papa, y eligió llamarse Benedicto XVI, alguien atisbó en ese gesto
una posibilidad de renovación. El último papa Benedicto -Giacomo
della Chiesa, (1914-1922)-
fue un papa muy crítico con la guerra y con el integrismo. Recién estrenado
pontificado, Benedicto XV se encontró en su escritorio una denuncia secreta
contra él, dirigida a Pío X, su antecesor, en la que se le acusaba de modernismo.
“El último papa Benedicto se había opuesto a la primera guerra mundial,
considerándola una “matanza inútil”, y a la exaltación nacionalista que le
llegaba de los diversos frentes, adoptando medidas para mejorar la situación de
los prisioneros, de los refugiados y de los deportados. Entonces el Vaticano
funcionó como una segunda Cruz Roja. Ante las guerras actuales, habrá que ver
qué actitud adopta el nuevo papa”. Lo recogía el sacerdote Jesús López Sáez, en
una nota de
El encuentro entre Benedicto XVI y el presidente Bush
ha sido percibido como la consumación de la vuelta a
Ahora
el Papa le ha correspondido. Como colofón a su visita, se acercaron a
En la última circular del obispo Casaldáliga “Parar la rueda bloqueando sus radios” (expresión
del teólogo protestante Bonhoeffer,
pronunciada en vísperas de su martirio por el nazismo), Casaldáliga
nos refrescaba esta frase del teólogo y mártir alemán: “Nadie que no haya
gritado contra el nazismo puede cantar gregoriano”. Pues que se la apliquen
aquellos que conceden “diplomas” de “valores morales y fundamentales” a los emperadores
que decretan y mantienen guerras injustas, con sus secuelas; o aplican torturas
diseñadas para destruir a la persona, en sus inexpugnables Guantánamos,
violando impunemente los derechos fundamentales de la persona y saltándose a la
torera la legalidad internacional.