ZONA III
Antonio Mas, adscrito de 1976 a 1984
Por
una parte el paso del tiempo difumina los recuerdos, por otra, hace que se
aprecie lo esencial. Desde esta perspectiva, la Zona 3 fue un intento pastoral surgido a finales
de los ´70 y desarrollado a pleno rendimiento durante los ´80. Capitaneados por
el vicario Carlos Salazar, pretendía dar una respuesta a la inminente crisis de
secularización que sacudía los cimientos de la Iglesia Católica.
Fuimos
conscientes de tener pocos años para hacer frente a un desafío sin parangón en la Iglesia de las Delicias,
Oliver y Valdefierro. Desde el primer momento se vio
necesario superar el estrecho marco del arciprestazgo y comprender el conjunto
de arciprestazgos y parroquias dentro de un marco más amplio que abarcara la
totalidad de la Vicaría. A
partir de ahí se debían buscar acciones conjuntas que respondieran a la
previsible disminución en el número de sacerdotes y asumir el papel creciente
de los seglares. Una parte pequeña del clero, acostumbrado desde siglos a hacer
en sus parroquias lo que les parecía conveniente, ofrecieron
resistencias a los nuevos aires y desearon volver a lo de siempre, a sus
cuarteles de invierno.
Lo
mejor de aquellos años fue la reflexión conjunta, la oración y el trabajo en
común con los seglares. Lo peor, la indecisión y la falta de medidas drásticas
que hubieran hecho de la Zona
3 un referente de renovación. No obstante, fue un intento sincero y honesto.
Nos faltaron modelos ante la caída del catolicismo nacional y la llegada de un
cristianismo personalizado. Ni en sueños pudimos prever la desaparición tan
rápida del clero nativo, ni la llegada masiva de inmigrantes que han dibujado
un nuevo panorama en las Delicias.
Desde
la perspectiva de los años, recuerdo agradecido aquellos nobles esfuerzos, el
trabajo de tantos creyentes y auguro,
para los años venideros en la
Zona 3, un cristianismo personalizado que tenga en cuenta los
itinerarios de fe actualizados y heredados desde el medioevo. El seguimiento
personal de la Humanidad
de Cristo y la atención de los desfavorecidos, las víctimas del mundo, los
pobres y pecadores, es decir, la humanidad sufriente, siempre son las bases
sobre las cuales el cristianismo católico encontrará un nuevo aliento. Que el
Dios de Jesús cuide con mimo vuestros esfuerzos actuales.■